¿Voluntad o dinero?
Sinceramente, creo que en esa situación lo tendría bastante claro. No me haría falta pensarlo demasiado. Encuentro a mi vecina, esa señora tan amable que siempre saludaba con una sonrisa, y de repente me veo con su bolsa llena de dinero y una carta donde dice que quiere donarlo todo a un partido político que representa todo lo que detesto.
Y lo siento, pero no. No podría hacerlo. No podría ser cómplice de algo así, sabiendo que ese dinero va a servir para propagar odio, racismo o machismo. Entiendo que era su voluntad, pero en el momento en que ella ya no está, su poder de decisión sobre ese dinero se acaba. Ahora soy yo quien lo tiene delante, y tengo que decidir qué hacer.
Así que sí, me lo quedo. Sin rodeos. Me quedo el dinero. Podría inventarme una excusa bonita y decir que lo dono, que lo uso para una buena causa, pero no. Sería mentira. Lo usaría para mí, para mi vida, para mi futuro. Porque al final, la realidad es que ese dinero, si no lo cojo yo, acabará en manos de gente que hará daño con él.
¿Es legal? Probablemente no. ¿Es ético? Depende de a quién le preguntes. Pero si me preguntas a mí, prefiero vivir con la culpa de haberme quedado el dinero que con la de haber financiado ideas que van en contra de todo lo que creo.
Y sí, puede que me juzguen, pero dormiría tranquilo sabiendo que el dinero no acabó donde iba a hacer daño.
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