Lipograma sin la U
Mi experiencia canadiense
Hace más de 3 años me dirigí a Canadá de intercambio para aprender inglés. Pero sobre todo para vivir esa experiencia tan especial y millones de personas te animan a hacer. En mi caso, me hospedé en la parte costera del Atlántico, cerca de la región de habla francesa del país.
Los días anteriores al viaje estaba nervioso pero me sentía bastante emocionado por el viaje y la experiencia. Al llegar a mi destino, los coordinadores del viaje nos dijeron para pasar la noche en el hotel cercano a la capital del estado donde íbamos a vivir. Era bastante tarde y las familias no se podían permitir horas y horas de viaje hasta donde estábamos. A pesar de todo este altercado, no me sentía para nada solo ni despistado, al contrario, me sentía acompañado. Hice varios amigos españoles en el viaje, para sorpresa de ellos, también se hospedaron en el hotel. Por fin me trajeron a la casa. La cabaña de madera de dos pisos estaba en mitad de la nada, y al lado de ella se encontraba el lago más frío probablemente conocido antes. A pesar de ello me bañé en él más de cinco veces antes del frío invierno. Con la familia no podría estar más contento. En mi familia tenía dos hermanos y otros dos de países del extranjero. Estos, también deseaban irse de intercambio. El mayor de los dos era de Bélgica, mientras, el menor era de Asia.
El colegio, a pesar de no ser tan grande era extremadamente acogedor, de hecho, te daba la sensación de estar en casa. Los profesores eran majísimos, te trataban genial y siempre estaban ahí para socorrerte. Por otro lado, los canadienses eran bastante abiertos y agradables en comparación a como me los imaginaba.
A pesar de ser una experiencia difícil en ciertas ocasiones, merece completamente la pena irse, no solo para aprender el idioma, —en cierto modo también— sino para vivir la experiencia de estar “solo” y arreglártelas independientemente.
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