Dilema del dinero de la vecina
Encontrarme en una situación así me resultaría un dilema moral. A pesar de que haya quienes puedan tenerlo claro, en mi caso he tenido varias dudas. Además, encontrarme ante una decisión de este tipo, con el cadáver de la vecina delante sería cosa extraña ¿Qué hago con el dinero?
Al principio, mi primera opción había sido llamar a la ambulancia y asegurarme del fallecimiento de la señora. Imagina que sigue entre la vida y la muerte, y yo al lado decidiendo qué hacer con su dinero. Una vez que me cerciorara, recogería la bolsa con el dinero y la guardaría en casa. Al fín y al cabo, el dinero de un muerto, no le sirve de nada porque en las tumbas supermercados no hay. Por lo tanto, mi primer impulso sería quedarme con su herencia y hacerme responsable del uso a partir de ese momento.
Ahora bien, quedarme con un dinero llovido del cielo me haría sentir incómodo, y más habiendo visto como la antigua dueña moría junto a mí en el ascensor. Por ello, me plantearía la opción de leer su última voluntad y ver que iba hacer la vecina con él. Eso sí, al leer la carta se me despejarían las dudas; no entendería cómo alguien puede hacer una donación con su herencia a un partido que defiende tales ideas. No solo por lo extremista que es la ideología, sino porque objetivamente dejaría un mundo peor. Por ejemplo, invirtiendo en un partido que no denuncia la xenofobia, ni la violencia de género lo estaría alentando a seguir así; y quién sabe, a lo mejor ganarían apoyo al elevar su poder económico. Ni hablar.
Mi opción sería donar anónimamente la herencia a varias organizaciones que apoyan causas humanitarias que no vayan en contraposición de las ideas que ella alababa de aquel partido. Es decir, ONG en contra del maltrato animal o donativos a organizaciones similares al Banco de Alimentos. De este modo, no estaría cumpliendo su última voluntad, cumpliría mis principios de apoyar a las causas que considero cruciales e invertiría un dinero que podría haberse perdido o desaprovechado.
Además, de este modo, realizando una donación anónima no estaría adjudicando estos movimientos al nombre de la vecina, a quien probablemente no le hubiera gustado ser reconocida por ser benefactora de estas instituciones. Puede que algunos no vean ético el hecho de alterar la última voluntad de una difunta, pero considero que el dinero no es más que un medio para mostrar nuestros ideales; y como un muerto no puede hacerlo, es trabajo de los vivos darles un nuevo uso.
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