Dilema del dinero

 Cuando mi vecina murió de repente, me quedé muy sorprendida y triste. Era una señora mayor y muy amable, y siempre me trataba con mucho cariño. Ese día llevaba una bolsa muy grande que pesaba mucho y se la veía cansada. Dentro había muchos billetes y un sobre con su última voluntad. En el sobre decía que quería donar todo su dinero a un partido político que no me gustaba nada. Ese partido tenía ideas que no me parecían correctas: no cuidaban el medio ambiente, no respetaban a las mujeres y eran injustos con otras personas.

Yo no sabía qué hacer. No podía permitir que su dinero fuera para ellos, pero tampoco podía quedarmelo yo, porque eso sería ilegal y podría meterme en problemas. Además, no quería hacer algo que estuviera mal. Por eso decidí pedir ayuda y llamé a un abogado para explicarle todo lo que había pasado. El abogado me dijo que había formas de cumplir la voluntad de mi vecina sin hacer nada malo. Me explicó que podía buscar a alguien de confianza que se encargara del dinero de manera legal y segura, sin que fuera a parar al partido que no me gustaba.

Después de buscar un poco, encontré a un gestor honesto que aceptó encargarse del dinero. Le entregué la bolsa y todo su contenido, y él lo administró para fines legales y seguros. Así nadie del partido político malo recibió ni un euro. Yo me sentí aliviada y tranquila. Todavía me dio pena perder a mi vecina, porque la quería mucho y era muy buena conmigo. Sin embargo, también me sentí feliz de haber hecho lo correcto. Aprendí que a veces hay que pensar bien y buscar soluciones para hacer lo correcto, aunque sean difíciles. Hacer lo correcto no siempre es fácil, pero ayuda a sentirse bien con uno mismo y con la memoria de las personas que queremos.


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