Discomanía Athleticen ereserkia
La canción que siempre me viene a la cabeza cuando me preguntan por mi infancia es, sin duda, el himno del Athletic. No solo porque es la que suena cuando los jugadores saltan al campo en San Mamés, sino porque, para mí, es un pedacito de mi historia. Me transporta a esos momentos en familia, cuando íbamos en el coche y lo poníamos para cantarlo juntos. Lo cantábamos para que Aita no le entrara el sueño cuando conducía.
Por un lado, esa letra tiene algo especial. A todos los euskaldunes que somos del Athletic nos toca el corazón y nos pone los pelos de punta cuando lo escuchamos. Cada palabra tiene peso, cada verso representa a los jugadores, a los aficionados, a todo un pueblo que siente lo mismo. Escucharla es sentir orgullo, es volver a las raíces. Me recuerda a nuestros aitites y amamas, a nuestros padres, a todas esas personas que hicieron lo posible para que creciéramos en esta tierra, con los valores del Athletic.
Por otro lado, el himno me conecta directamente con mi aitite. Él tuvo mucho que ver con el Athletic, y fue quien nos transmitió su amor por el club desde que éramos chiquitos. Me enseñó a jugar al fútbol, me llevaba a los partidos en San Mamés, y siempre tenía una historia que contar. De él aprendí cosas que no te enseñan en otros sitios.
En resumen, esta canción no es solo una melodía. Es una parte de mi vida, una especie de resumen de todo lo que he aprendido, disfrutado y compartido con mi familia. Cada vez que suena en San Mamés, siento que vuelvo a mis inicios.
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