Discomanía.
Cuando era pequeño solía visitar con regularidad la casa de mi abuela por parte paterna. Como ella vivía lejos, nuestro padre nos llevaba a mi hermano y a mí en coche. Para hacer el viaje más corto, nos solía poder canciones que a él le gustaban pero, obviamente, era música de señor mayor así que no la disfrutábamos. Aun así, siempre se quedó esa melodía clavada en nuestra retina más profunda.
Con el tiempo, escuché la canción en internet y me llegaron todos esos recuerdos de golpe. La canción, los viajes, y como no: mi buen abuela. La canción en cuestión es Bohemian rhapsody de Queen, cantada por Freddie Mercury. Me interesé por la canción y la verdad, cuando miré la letra, me dieron escalofríos. Desde ese momento me enamoré de ese misma canción.
Bohemian rhapsody sigue la historia de un joven que confiesa haber matado a un hombre, haciendo un pacto con el diablo y luego luchando por su alma en un juicio lleno de alusiones a la ópera, la mitología y la filosofía. La interpretación de Freddie Mercury era personal y experimental, lo que ha dado lugar a múltiples lecturas, incluyendo posibles referencias a su vida personal.
Este cantante murió el 24 de noviembre de 1991 en Londres, Reino Unido. Esta persona es el ejemplo de dar su vida por y para la música, haciendo de ella su vida entera.
Personalmente me hubiera encantado acudir a conciertos de su banda, hubiera flipado en colores. Desgraciadamente, él ya no está con nosotros, pero lo que siento al escucharle cantar es indescriptible: me lleva de regreso a casa de mi abuela, que tristemente tampoco nos acompaña más.
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