Dilema del dinero

 La mudanza fue un desastre. Cajas por todos lados, el ascensor estaba estropeado  y yo sudando más que nunca. Cuando llegué al piso ,solo me encontré una puerta en la cual vivía. Mi única vecina, una señora mayor pero muy simpática, de esas que son las típicas abuelas tradicionales que siempre llevan chuches en su bolso. Apareció entre  ese desorden y estuvimos un rato ameno charlando. Desde el primer día, nos llevamos muy bien y teníamos una buena relación. Siempre estaba amable y de buen humor  y me contaba historias de su pasado,del edificio y de vez en cuando me hacía bizcochos riquísimos de limón . 


Una tarde, la vi subiendo las escaleras con un gran bolso de cuero. Por la cara que ponía,pesaba mucho, por lo que me ofrecí a ayudarla. Nada más subir al ascensor, le empezó a faltar el aire y cayó. Llamé a emergencias, pero ya era demasiado tarde y falleció. Al intentar buscar a algún contacto en su bolso  me topé fajos de billetes y un sobre que contenía sus últimas voluntades.







Cuando lo leí, no lo podía creer. Deseaba donar toda esa cantidad a un partido ultraderechista que negaba el cambio climático y era racista .Quede perplejo. No lograba entender cómo alguien tan amable podía tener esas ideologías. La solución la tomé al instante, sin pensármelo dos veces. No iba a permitir que ese dinero terminara en ese sucio partido político. Me lo quedé,  pero no para mí. Lo usé  para donar a organizaciones y para mejorar cosas que realmente tienen valor. Puede que no hiciera lo correcto por aquella mujer, pero mi conciencia no me permitía donarlo a aquel partido


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