Dilema político
Antes de comenzar, debo mencionar que no me considero para nada ajeno a este asunto. La política suele estar muy presente en conversaciones con mi círculo social, vengan de amigos o de familiares. Asimismo, es un tema que nunca deja de generar polémica y provoca una división notoria en la población, por lo que es difícil de ignorar en el día a día. Aunque es imposible que todos lleguemos a un acuerdo (de hecho, mi postura difiere bastante de la que defiende mucha gente que conozco), creo que estas charlas pueden ser entretenidas y de gran ayuda para entender cómo se maneja la sociedad y ser conscientes de quién nos manda, además de que descubrimos diferentes puntos de vista y perspectivas que nunca nos habríamos planteado por nuestra cuenta.
Entonces, ante esta incómoda situación se podría responder de varias formas, generando así distintos resultados. La primera sería no contestar absolutamente nada: podría ignorar lo que el hijo de mi amigo acaba de decir y dejar que el inevitable silencio se apropie de la escena, o bien marcharme con mi familia, ofendido y traicionado por una persona que no respeta opiniones distintas a la suya y las trata como si fueran simples chistes. A pesar de que, como dice el dicho, a veces callar es la mejor opción, sinceramente no pienso que se pueda aplicar a esta tesitura, ya que, de hacer eso, el hijo lo tomaría como una victoria y no vería nada malo en hacer este tipo de comentarios en una conversación cotidiana. En vez de callarme, le preguntaría por qué él haría algo así, por qué le pegaría dos tiros al presidente. Irónicamente, es una pregunta simple que a su vez requiere una respuesta compleja. Así, el hijo se daría cuenta del fundamento que realmente tienen sus declaraciones, si lo que afirma tiene sentido o debería pensárselo dos veces. No trato de llevarle a mi terreno ni mucho menos, sino que reflexione sobre lo que dice, ya que el asesinar a alguien por pensar diferente es una medida exagerada e incongruente. En una sociedad que anhela la libertad, privarle el derecho a vivir a una persona que defiende ideas alternativas sería algo irónico y contradictorio. Supongo que el hijo tampoco querría que su presidente muriera por este motivo, ¿verdad?
Por otra parte, hablaría seriamente con mi amigo, ya que, apoye él al mismo partido político o no, debería saber actuar como padre y callar a su hijo cuando está soltando este tipo de declaraciones en un entorno público.
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