Grafitis
Hay una parte de mí que dice que los grafitis son chulos y una forma de arte infravalorada, y otra parte de mí que piensa que son una auténtica chorrada. Esto pasa porque, para mí, todo depende de la situación y del contexto.
Imagina que eres un hombre casado con varios hijos y que, cada día, mes o año que pasa, alguien dibuja un grafiti con formas inapropiadas en el edificio.
Imagina que cada vez que sales de tu casa encuentras un grafiti en el garaje con forma de pene.
En este caso yo me enfadaría muchísimo e incluso denunciaría la situación, porque no es normal.
También puede ocurrir que una persona que te conozca te deje un mensaje de amenaza en la puerta de tu garaje y que vivas con miedo, sabiendo que esa persona sabe exactamente dónde vives.
En estos casos, estos dibujos aumentarían mi nivel de estrés y hasta pagaría por borrarlos cuanto antes.
Ahora imagina que eres un artista y que tienes un talento especial para dibujar cualquier cosa. No tienes mucho dinero y nadie compra tus dibujos ni tus cuadros, así que decides comprar varios sprays de distintos colores por unos 5 € cada uno. Buscas el sitio y el momento perfectos y, en unas horas, creas una obra de arte que nadie más podría hacer. Después de terminar esos garabatos cargados de significado, les sacas una foto, la subes a internet sin revelar tu identidad y desapareces. Poco a poco, la gente empieza a fijarse en tus dibujos y, con los años, te vuelves viral. De repente, hay millonarios dispuestos a pagar cantidades inhumanas de dinero por tus grafitis.
Este fue el caso de Banksy, uno de mis artistas urbanos o grafiteros favoritos. En situaciones así, creo que realmente merece la pena que haya gente que se atreva a hacer estas cosas y que muestre al mundo su talento.
En definitiva, el grafiti no es solo una forma de dibujar, sino una manera de expresarse y de dejar huella en un mundo que a veces necesita más color y más voces auténticas.
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