Política en la mesa

Estábamos en una comida de amigos, con diferentes familias, en casa de mi amigo Enrique, cuando el hijo de Enrique, Álvaro, de 17 años, dijo la siguiente frase cuando salió el tema de la política: "Al hijo de puta del presidente del gobierno lo que hay que hacerle es meterle dos tiros lo antes posible".

Conozco a Enrique desde hace muchísimos años, y hemos sido amigos a pesar de que seamos de ideologías diferentes (el conservador y yo progresista), ya que hablábamos de política civilizadamente, respetando las opiniones del otro aunque no las compartiéramos. Últimamente esto no ha sido tan así ya que mi amigo se ha ido radicalizando poco a poco, al punto que ahora tiene opiniones que hace unos años nunca hubiera aceptado, así que había decidido no volver a hablar de este tema para conservar nuestra amistad.

Cuando Álvaro dijo esa frase yo me quedé en shock, ya que lo dijo a sabiendas de que el presidente es del partido al que yo voto, y para empeorar aún más la situación, no solo es que mi amigo no dijo nada ante semejante comentario, si no que lo apoyó. Aunque de primeras me quedé impactado me di cuenta de que era necesario tomar medidas ante esto.

A diferencia de lo que muchos hacen ante signos de radicalización, que es cambiar de tema o acallarlos, le pregunté a Álvaro por las razones por las que afirmaba tal cosa, e intenté hacerle ver que el presidente de gobierno también es una persona, y que a pesar de que pueda cometer errores, su objetivo es ayudar a mejorar el país. Además intente que se diera cuenta de que si empezamos así, podemos acabar en una situación en la cual se recurra a la violencia ante el más mínimo desacuerdo, e intente que viera que a él no le haría ninguna gracia si yo matara a su padre, simplemente por su manera de pensar.

La política ha de ser un debate, en el que las personas, con la mente abierta, busquen soluciones a los problemas que se presenten y que se logren soluciones que unen distintos puntos de vista. Que yo piense de una manera no significa que todo lo demás esté mal ni que todo el que no sea como yo merece algo tan grave como la muerte.

Espero que el chaval le diera una vuelta a lo que le dije, y que se de cuenta de que ninguna buena solución se logra mediante la violencia. Aún así, por si acaso, decidí hablar con Enrique sobre el tema, ya que si el chaval piensa eso algo del estilo habrá oído en casa. Le expliqué que a pesar de nuestras diferencias quería mantener nuestra amistad y que en vez de decirle lo que debe pensar a su hijo, le diera herramientas con las que desarrollar su propio pensamiento, independientemente, con pensamiento crítico, amplitud de miras, y sobre todo respeto.


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