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Estoy en una cena y el hijo de mi mejor amigo suelta que al presidente del gobierno actual hay que pegarle dos tiros. En el caso de que su padre no le dijese nada, no le insultaría ni le gritaría ni nada por el estilo; simplemente le diría que lo que ha dicho está mal, como cuando le dices a un bebé que no pegue. (Mikel, por ejemplo).
“Oye, Mikel, eso que has dicho está muy feo, y aunque no pienses como él, no puedes menospreciar su vida, que vale lo mismo que la tuya”.
Si el niño se me pusiese farruquito, entonces sí le diría a su padre que controlara a su hijo. Después de un comentario de este estilo, le diría a solas al padre, es decir, a mi amigo, que enseñara a su hijo que la violencia no lleva a nada bueno, porque de lo contrario podría acabar metido en movidas chungas. Obviamente, sería una situación muy incómoda, y esa incomodidad podría prolongarse tanto como intenso fuese el momento.
La política, en mi opinión, sí se puede hablar con amigos, pero sin profundizar demasiado, porque todos pensamos de forma diferente. Quizá me acerque más o menos a tu ideología, pero aun así chocaremos en algún punto, y eso puede generar mal rollo. También tengo que decir que alguien que diga en serio que hay que matar a X persona por el motivo que sea… uf, es un pensamiento bastante radical.
Tengo conocidos de centro, progresistas, un poco más conservadores, nacionalistas… de todo. Y sinceramente, siento que da igual de qué sean, porque de lo que me digan en algo estaré de acuerdo y en algo no. Y probablemente esté mal visto lo que voy a decir por todo eso de que “hay que defender tu ideología”, pero mira: cuando hablando de política escucho cualquier barrabasada, prefiero no responder y punto, porque discutir no lleva a ningún lado. La mayoría prefiere mentir antes que admitir que se ha equivocado y, bueno, si ya es difícil que admitan un error, imagínate lo difícil que sería que dejasen de pensar como lo llevan haciendo durante tanto tiempo.
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