Caso Andoni

 Es muy triste lo que ha tenido que pasar Andoni. No se puede justificar de ninguna manera una actuación tan dañina llamándola “broma”. Además, ocurre en una etapa especialmente frágil como es la adolescencia, cuando la identidad y la autoestima están en plena construcción y los problemas se viven con mucha más intensidad de lo que parecen desde fuera.


No se trata de un hecho aislado, ya que el acoso llevaba meses produciéndose. Por eso, el centro educativo tiene una responsabilidad clara y debería haber intervenido mucho antes para evitar que la situación llegara tan lejos. Ahora es imprescindible que tome medidas firmes: sancionar a los responsables, separarlos, supervisarlos de cerca o incluso expulsarlos si es necesario.


Después de todo lo vivido, Andoni necesitaría apoyo psicológico cuanto antes. Es muy probable que su autoestima esté muy dañada y que incluso se esté culpando por confiar o ilusionarse. Es fundamental hacerle entender que no ha hecho nada mal y que su valor no depende de la crueldad de los demás.


Aunque Irati no sea responsable directa de lo ocurrido, la forma en la que se gestionó la situación tampoco fue la más adecuada. No hacía falta exponerlo públicamente de ese modo. Además, el silencio del resto de compañeros también contribuye al problema: mirar hacia otro lado los convierte, en parte, en cómplices.


En definitiva, Andoni necesita apoyo y protección para que esta experiencia no lo marque de por vida. Si aun con medidas el entorno sigue siendo hostil o él no se siente seguro, habría que plantearse un cambio de instituto, un nuevo comienzo acompañado de ayuda profesional y de un entorno más sano donde pueda volver a sentirse cómodo y valorado.


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