No es una broma, es acoso

Cuando leo la historia de Andoni no puedo evitar pensar que esto le podría pasar a cualquiera. Yo estoy en segundo de bachillerato y, aunque ya somos más mayores, he visto situaciones muy parecidas desde la ESO. A veces se nos olvida lo mucho que pueden doler las “bromas”, sobre todo cuando siempre van dirigidas a la misma persona y se hacen delante de los demás para humillar.

A Andoni le diría, lo primero, que no tiene la culpa de nada. Confiar en alguien y mostrar lo que sientes no es algo de lo que avergonzarse; al contrario, demuestra valentía. Lo que le han hecho es muy cruel y es normal que se sienta humillado o engañado. Pero no debería guardárselo. Hablar con su familia, con un profesor o con el orientador del centro es fundamental, aunque dé miedo o vergüenza al principio. Pedir ayuda no es ser débil, es protegerse. También creo que es importante que no deje que este episodio defina cómo se ve a sí mismo. Su físico o su popularidad no determinan quién es ni lo que merece.

Respecto a los alumnos que se meten con los más débiles, pienso que el instituto no puede mirar hacia otro lado. Este tipo de comportamientos deben pararse desde el principio, con consecuencias claras. Pero no solo se trata de castigar, sino de educar. Muchos no son conscientes del daño real que causan con sus risas o comentarios. Hace falta trabajar más la empatía y el respeto, y que todos entendamos que el silencio también nos hace cómplices.

Como alumnos, también tenemos responsabilidad. Defender, apoyar o simplemente no reír la gracia puede marcar la diferencia. El acoso no es una broma: es un problema serio que deja heridas que no siempre se ven.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Tautograma con la m

¿Voluntad o dinero?

Tautograma