Carta
Ama, si te llega esta carta, ya estaré muerta.
Me han dado pocos minutos para escribir y los uso para despedirme de ti, aunque es difícil cuando me tiembla la mano. No quiero que esta carta sea un lamento de todas las cosas que me quedaron por hacer, sino un agradecimiento y un desahogo.
Sé que hoy se acaban mis esperanzas, mis sueños y mis ilusiones pero dentro de lo posible estoy tranquila porque sé que también se acaba el sufrimiento. Por lo menos ya no volveré a ver a nadie morirse de hambre en estas tristes y frías celdas, ya no escucharé a nadie llorando por el porvenir de sus hijos pequeños que se quedan huérfanos, ni temeré el día en el que me elijan a mí para ser ejecutada porque ese día ya ha llegado.
He pensado mucho en casa, en ti y en todo el amor que me diste. Quiero que sepas que no me arrepiento de morir defendiendo mi causa, porque me voy sabiendo que hice lo que creí correcto, aunque sé que no siempre me entenderás. Yo no guardo odio a nadie y eso me da cierta paz en este momento. Tampoco deseo que tú guardes rencor. No quiero que esto te emponzoñe el alma.
Te pido que no te culpes ni te preguntes qué habría pasado si las cosas hubieran sido distintas. La guerra nos ha empujado a todos a lugares que no elegimos. Cuida de mis hermanos y diles que vivan con dignidad y sin rencor, porque el rencor solo alarga el dolor.
Si alguna vez hablan de mí, que no sea como un heroína ni como una víctima, solo como alguien que luchó por sus derechos y que quiso a su familia. Por favor perdóname por todas las veces que te he sacado de quicio y recuérdame como esa niña que siempre te perseguía a donde fueras. Ten seguro que te seguiré persiguiendo desde el cielo.
Gracias ama por darme una infancia tan feliz y una adolescencia tan llena de comprensión. Me despido agradeciéndote la vida y el cariño. Eso ningún tirano con poder me lo puede quitar, ni siquiera ahora. Adiós mamá. Te quiero.
Comentarios
Publicar un comentario