Carta de despedida
Madre,
Si recibes esta carta, ya estaré muerta. Se me hace difícil escribir esto sin que se me tiemble la mano, pero no quiero que mis últimas palabras sean de miedo, sino de amor. Apenas si tengo dieciocho años y todavía me parece que he de aprender muchas cosas: viajar contigo al pueblo en verano, reírnos juntas por tonterías en la cocina, dormirme escuchando tus cuentos. Me da pena irme de allí, pero me consuela pensar que lo que he vivido contigo nadie me lo quitará.
No me llores más de la cuenta. Que me recuerdes con el vestido azul que tanto te gustaba, cantando bajito mientras sacaba la ropa del tendedero. Si alguna vez te asalta la duda, recuerda que he sido fuerte aunque me temblara el alma. No le des rencor a nadie, porque desde el odio también se prolonga la guerra del corazón.
Cuida de papá y de mi hermano y hermana pequeños. Que estudien, que sueñen, que no permitan que el miedo decida por ellos. Planta, si puedes, un árbol en tu patio. Me gustaría pensar que cuando brote, una estela de mí se queda respirando junto a vosotros.
Gracias por enseñarme a amar, a pedir perdón, y a tener esperanza aun en los días más húmedos. Con tu nombre en los labios me voy, sabiendo que tu abrazo me sostendrá hasta el final.
Por siempre te quiere, tu hija.
Comentarios
Publicar un comentario