Carta de despedida
Ama,
si te llega esta carta, ya estaré muerto. No sé en qué momento exacto la leerás ni quién te la dará, pero quiero que sepas que en estas últimas horas he pensado más en ti que en mí mismo. No tengas miedo al leer estas líneas: me voy tranquilo, con la conciencia en paz y el corazón sereno.
No llores por mí, porfavor. No he vivido tanto como me hubiese gustado, es verdad, pero he querido mucho. He querido a mi familia, a mi gente, y a la vida sencilla que me enseñaste: el amor compartido, el esfuerzo, la felicidad y la dignidad, incluso cuando todo se derrumba. Eso nadie me lo puede quitar, ni siquiera ahora.
No guardes rencor a nadie. El odio pesa mucho más que la muerte y sinceramente, no quiero dejártelo como herencia. Perdona, y aunque cueste, y sigue adelante. Cuida de los míos, dales un beso de mi parte y diles que no me olviden triste, sino como era antes, cuando reía en casa y soñaba con un futuro mejor.
Si algún día te preguntan por mí, di que morí sin miedo, pensando en ti. Imagíname caminando hacia la luz, con tu voz acompañándome, como cuando era niño y me decías que todo iría bien.
Gracias por la vida que me diste. Gracias por tu amor. Me despido con un abrazo que cruza el tiempo y la muerte.
Ina,
tu hijo que nunca te olvidará.
Comentarios
Publicar un comentario