Carta en la Guerra Civil

 La carta que escribiría sería esta, solo dos frases:

Ama, si te llega esta carta, piensa que te he querido siempre y que tu recuerdo me ha acompañado hasta el final. Perdóname por no haberme quedado contigo y sigue viviendo feliz.

Escribiría esto porque, estando preso y a punto de ser ejecutado por el bando nacional, sé que no tengo ninguna garantía de que la carta llegue a su destino. Por eso evitaría cualquier referencia política, a la República o a la guerra, ya que eso podría hacer que la carta fuera destruida o que trajera problemas a mi madre. En ese contexto, lo más seguro es usar un lenguaje íntimo, sencillo y humano, que no pueda interpretarse como provocación.

Elegiría hablar de amor, perdón y despedida porque son sentimientos universales que nadie puede censurar fácilmente. No intentaría justificar mis ideas ni explicar lo ocurrido, porque ya no hay tiempo ni utilidad en ello. Mi prioridad sería que mi madre reciba algo que le dé consuelo, aunque sea poco, y que no viva con la duda de si pensé en ella antes de morir.

Además, la brevedad es clave. Dos frases reducen el riesgo de censura y obligan a concentrar el mensaje en lo esencial. En una situación así, cada palabra debe tener un propósito claro: despedirse sin odio y proteger a quien queda vivo. Dudo mucho que el bando que pretende fusilarme el día siguiente, vaya a entregar una carta sin antes leerla.


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