Carta
Mamá,
no sé si existe una forma correcta de escribir esta carta; es de noche, apenas puedo ver lo que escribo, me tiemblan las manos y el tiempo parece haberse detenido dentro de este cubículo oscuro, pero necesitaba hablarte una última vez. Cuando leas estas palabras, yo ya no estaré, y solo pensarlo me duele más de lo que imaginaba.
He pasado estas horas recordando mi vida, las cosas sencillas que me hacían feliz y que ahora echo tanto de menos. Leer hasta olvidarme del mundo, escribir para entenderme, caminar sin rumbo y pensar que la vida podía ser algo bonito. Siempre fui así, mamá: observadora, soñadora, a veces demasiado cabezota, pero sincera conmigo misma. Nunca quise hacer daño a nadie, solo vivir de acuerdo con lo que pensaba y sentía.
La guerra lo cambió todo, mamá. Nos obligó a crecer de golpe, a elegir, a callar, a tener miedo. Yo no fui valiente ni heroína, solo hice lo que mi conciencia me pedía. No me arrepiento de haber pensado por mí misma, aunque eso me haya traído hasta aquí. Me voy triste, sí, pero en paz conmigo.
Por favor, no dejes que este final borre todo lo demás. Recuérdame como era antes, cuando reía contigo, cuando tenía sueños y ganas de cambiar el mundo, aunque fueran sueños pequeños. Que nadie te haga sentir vergüenza por mi nombre, yo estoy muy orgullosa de haber sido tu hija y de todo lo que me has enseñado.
Diles a mis amigas que no me lloren demasiado. Que me recuerden viva, riendo, llena de ideas y de ilusión. Ellas fueron mi refugio en los momentos difíciles y quiero que sigan adelante, que vivan, que no se queden atrapados en este final. Recuérdales que fui feliz con ellas, por favor.
Cuídate mucho, mamá. Vive por las dos. Yo me iré pensando en ti, con tu voz acompañándome hasta el final.
Con todo mi amor,
tu hija.
Comentarios
Publicar un comentario