Carta.
Ama, si esta carta te llega, ya estaré muerto.
No quiero que estas palabras te produzcan miedo, solamente un poco de tranquilidad. Piensa en mí como en el niño que jugaba y disfrutaba durante el día que creció contigo queriéndote. Ese sigo siendo.
No he tenido tiempo para despedirme bien ni para pensar qué siento. Me duele no poder mirarte una vez más y decirte gracias. Gracias por el pan quererme, por cuidarme en las noches de fiebre, por enseñarme a no bajar la cabeza ante la injusticia y a ser lo que soy hoy.
No guardes rencor. En la guerra solo hay perdedores, y a mi me ha tocado ser uno más. Voy a hechar de menos esos pequeños momentos de felicidad que tenia, estar con aita y contigo viendo la tele, con mis hermanos jugando todo el día…
Si alguien preguntase por mí, decidles que no tuve miedo, que me mantuve fiel a mi mismo, y que luché para ser libre.
No lloréis porque ya no estoy, sino disfrutad de todos los momentos que hemos pasado juntos.
Tu hijo que te querrá siempre.
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