Carta
Hola ama,
Si te llega esta carta lo más probable es que ya esté muerto o esté al borde de la muerte. He sido apresado por las fauces fascistas en el campo de batalla, y aunque intento mantener la calma, sé que mi destino está prácticamente escrito.
Quiero que sepas que te echo mucho de menos, a ti y a todos. Me habéis ayudado mucho más de lo que creéis. El recuerdo de estar todos en familia me ha dado la fuerza que necesitaba en los momentos más terribles.
Aunque al principio tenía ilusión de luchar por mis ideales en el frente de batalla, he descubierto el sinsentido de las armas. Creía que empuñar un fusil era una forma de defender lo que amaba, pero ahora entiendo que la violencia solo deja un inmenso vacío a su paso. He aprendido que las ideas no se sostienen con balas, sino con paz, con manos que construyen desde el respeto mutuo. Ojalá algún día otros puedan aprender sin tener que pasar por lo mismo que yo.
En la guerra he sido testigo de lo peor que se encuentra escondido en el ser humano. La frialdad y la crueldad de la violencia no entienden de bandos, asesinos o víctimas, simplemente arrasan con todo lo que se ponga en su camino. No le desearía este sufrimiento continuo ni a mi peor enemigo.
Pero he tenido suerte y he sido testigo de gestos que han mantenido la esperanza hasta ahora: solidaridad entre compañeros que no se conocían de nada, generosidad de quienes comparten el último trozo de pan, valentía de los que continúan luchando por un país mejor aun cuando saben que quizá no verán salir otra vez el sol. En medio del horror, he encontrado instantes que me han recordado que la humanidad no se ha esfumado por completo, que incluso en la más absoluta oscuridad puede prender una chispa de luz.
Es por ello que quiero transmitiros esta esperanza. Mantened la cabeza alta después de mi muerte.
Os quiero a todos,
Javitxu
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