Carta
Querida madre,
Si te llega esta carta, ya no podré volver a casa. Te pido que no estés triste ni me llores con amargura. Me voy en paz, pensando en nuestras charlas al sol y en cómo me enseñaste a ser fuerte y valiente. Siento dejarte sola con todo el trabajo de la casa, pero sé que mis hermanas te ayudarán en todo.
Dile a mi padre que guarde mi costurero con cariño, que mis cosas sigan siendo parte de nuestro hogar. No quiero que guardes odio en tu corazón por nadie, el mundo ya tiene suficiente dolor con esta guerra. Cuida mucho de las flores blancas del jardín, que sigan creciendo bonitas como a mí me gustaba.
Me llevo grabado el sonido de tu voz llamándome y el recuerdo de tus manos trenzándome el pelo. Dile a mis amigas que sigan bailando y riendo, que la alegría es la mejor forma de recordarme. Te quiero más de lo que pude decirte nunca, madre. Ahora por fin voy a descansar de tanto ruido.
Un beso eterno de tu hija que siempre te querrá.
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