Cuando me enteré de que una antigua cita mía quería publicar una historia que yo mismo le había contado, me quedé completamente en shock. No me lo esperaba en absoluto. Esa historia no era mía: me la había confiado una amiga, y además hablaba de algo muy delicado, la muerte de su padre. Algo profundamente personal. Desde el primer momento supe que ella no querría que se hiciera público. Es un tema que duele, que remueve, y que no debería salir a la luz sin su consentimiento. En ese instante me sentí bloqueado, sin saber muy bien qué hacer.
Lo primero, y lo más importante, es hablar con mi amiga y contarle la verdad. Fue un error por mi parte compartir esa historia con otra persona, y más aún sabiendo que solo me la había contado a mí. Me pesa haberlo hecho. Sé que al decírselo puede volver a enfrentarse a un recuerdo muy doloroso, y eso me preocupa. Pero aun así, creo que es lo correcto. Prefiero que lo sepa por mí y no que se entere por otra vía, porque eso podría hacerle aún más daño y romper por completo su confianza en mí.
Por otro lado está el tema del dinero. Es bastante probable que el libro termine publicándose y que la autora obtenga beneficios. Si llegara a ofrecerme una parte, la aceptaría, pero no para quedármela. No podría. Mi intención sería dársela íntegramente a mi amiga, porque la historia es suya y es ella quien ha vivido todo ese sufrimiento. Me parecería injusto beneficiarme de algo que nunca debí contar y no estaría tranquilo conmigo mismo si no se lo entrego a quien realmente lo merece.
En conclusión, que este libro pueda llegar a publicarse es consecuencia directa de un error mío, y por eso debo pedir perdón a mi amiga. Es una historia que le duele, que le pertenece, y ella es la única que merece cualquier beneficio que pueda salir de ella. Y, si está en mi mano y ella así lo quiere, intentaré por todos los medios que el libro no llegue a publicarse.
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