El precio de una historia
No aceptaría el dinero al principio. Aunque yo no diera nombres ni detalles claros, sé que la historia no era mía. Mi amiga me la contó para desahogarse, en un momento muy duro de su vida. Ganar dinero con algo que nace de su dolor me haría sentir mal y culpable, como si me hubiera aprovechado de ella sin querer.
Sí se lo contaría a mi amiga. Me daría mucho miedo hacerlo, porque tendría que admitir que me equivoqué al contar algo tan personal; pero creo que ella tiene derecho a saber que su historia puede acabar convertida en una serie o una película. Callarme sería pensar solo en mí y no en cómo puede afectarle a ella.
Se lo diría con sinceridad, sin poner excusas. Le explicaría que aquella noche estaba muy afectada, que no pensé bien las consecuencias y que ahora me siento mal por ello. También le dejaría claro que no he aceptado el dinero y que no lo haré si ella no está de acuerdo, porque, aunque yo hablara, la historia sigue siendo suya.
Solo si ella me dijera que le parece bien que se cuente la historia, aunque sea cambiada, me plantearía aceptar el dinero. Incluso así, sentiría que no es solo mío y pensaría en compartirlo con ella o usar parte para algo que tenga un sentido justo.
Al final, prefiero perder una oportunidad económica antes que perder la tranquilidad y la confianza de alguien a quien quiero. Hay historias que no están hechas para convertirse en espectáculo, sino para ser escuchadas con cuidado y guardadas con respeto.
Al final, prefiero perder una oportunidad económica antes que perder la tranquilidad y la confianza de alguien a quien quiero. Hay historias que no están hechas para convertirse en espectáculo, sino para ser escuchadas con cuidado y guardadas con respet
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