carta

 Amaaaaaaaa:

Si recibes esta carta, ya no estaré entre los vivos. No sé cómo comenzar sin que me duela, jamás aprendí a decirle adiós a usted. Pensé que siempre habría tiempo, que volvería a casa, que te encontraría en la puerta como siempre. Hoy escribo para que no hagas estática.

Quiero que sepas que no tengo miedo. Tengo tristeza, sí, y mucha, pero también una extraña calma. Recuerdo tus manos, tu forma de peinarme cuando era niño y esas noches hasta que volvía a casa. Todo eso me acompaña ahora, y no puedo decir que estoy solo.

Perdón por las veces que te contesté mal, por las preocupaciones que te di, por no ser en todo momento el hijo que merecías. Nunca he sabido decirte lo importante que eras para mí. Ojalá estas palabras te sirvan para decírtelo todo a la vez.

No tengas rencor a nadie por lo que me pasa. El odio no me va a devolver la vida ni a ti la paz. Cuida de mis hermanos, diles que los amo, que me alegra que vivan sin vergüenza y sin miedo. Que recuerden mis cosas buenas y olviden todo lo malo.

Conserva esta carta, si sabes cómo. Es poca cosa, pero es la última cosa que te doy. Me llevaré tu voz, tu olor, la forma en la que me querías. Porque me voy en paz, que sé de dónde vengo, de ti.

Markel,

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