La tentación
No creo que sea necesario ser muy inteligente para darse cuenta de que la tentación es algo que está presente en todas las personas, es decir, algo que absolutamente ninguno de nosotros podemos evitar tener por mucho que detestemos que esto sea así. Como es de esperar, la tentación es algo que se manifiesta de distintas maneras en cada individuo: muchas de estas obsesiones que tenemos nos pueden conducir a la muerte prematura, como bien hemos podido ver incontables veces con la adicción a la ludopatía o el consumo de drogas.
En cuanto a mí, aunque no me resulte agradable admitir lo siguiente, yo me considero, por decirlo de algún modo, víctima recurrente de la tentación. Algo de lo cual jamás he conseguido deshacerme en mi vida es mi enganche a las pantallas, sean móviles, ordenadores o tablets, y esto, desgraciadamente, me ha traído varios inconvenientes a la hora de vivir mi día a día. El ejemplo más claro de efecto negativo que he podido detectar en mi conducta es el uso de mi tiempo libre: en vez de esforzarme por tratar de hacer algo nuevo y utilizar mi imaginación para aprovechar mis momentos cuando no me quedan tareas por realizar, prefiero optar por el camino fácil y me limito a ver cualquier chorrada audiovisual que me aparezca en Instagram y quedarme viendo vídeos sin sentido u objetivo algunos durante incontables horas hasta que mi familia o amigos me hagan ser consciente del error que estoy cometiendo. Y es que sé que es una falta de respeto quedarme viendo el móvil cuando tengo a alguien delante, pero noto que cada vez me cuesta más entretenerme con el mundo más allá de las pantallas y se está convirtiendo en un verdadero problema, ya que he echado a perder un montón de tiempo a lo largo de mi vida.
Es ese factor que representan mi familia y amigos el que aún me mantiene conocedor de las consecuencias que conlleva mi tentación: cuando hay alguien que está pendiente de nosotros, alguien que se preocupa por nuestro bienestar y nos advierte de que seguimos hábitos insanos, nos resulta más difícil hacer caso a nuestro cerebro. Nos duele más el pecar de nuevo, muy posiblemente por no querer defraudar a esa persona que está a nuestro lado. Otro concepto muy importante es la edad, ya que influye bastante en las tentaciones que vamos adquiriendo durante el curso de nuestra vida: en una etapa tan complicada como la adolescencia es cuando el cerebro más nos incentiva a romper las reglas, dando lugar a múltiples obsesiones difíciles de olvidar.
Pero, cuando se resisten, nos sentimos mejor. Por mucho que ese mensaje de “hazlo” siga inscrito a fuego en nuestro pensamiento, el abstenerse a nuestras tentaciones nos hace ganar madurez y consciencia de nuestro ser. No solo tratamos de mejorar nuestra vida, sino también de tranquilizar a aquellos que nos rodean.
Comentarios
Publicar un comentario