La tentación
La tentación es algo que muchas veces nos encontramos de manera inesperada, en los momentos más comunes. No siempre es algo relacionado con faltas graves, muchas veces consiste en decisiones pequeñas y que parecen simples. Un ejemplo cotidiano es la elección de la comodidad antes que el esfuerzo, como el retrasar una tarea importante. Las personas buscamos excusas simples para ceder ante la tentación y, aunque lo neguemos, cada una de esas leves decisiones muestra nuestras prioridades reales. Nadie nos obliga. O al menos eso creemos.
A la tentación cedemos todos y decir que no lo hicimos es mentir descaradamente. En mi caso, en más de una ocasión elegí descanso antes que deber. No habré generado un daño grande, pero el hecho está y la culpa también existe. Al fin y al cabo, cuando cedemos a la tentación, traicionamos a nuestros propios principios, lo cual conduce a arrepentimientos. Al menos, de ese arrepentimiento se puede sacar un aprendizaje, como el detectar señales antes de repetir un error.
Para mí, la tentación aumenta muchísimo cuando nadie observa. Sin testigos, esa presión social que nos presiona para evitarla desaparece y nos deja solos con nuestra conciencia. En momentos como esos, nuestra honestidad y rectitud es realmente vista, porque resulta muy fácil justificar una acción si es oculta. Pensamos que no habrá consecuencias visibles, pero queda en nuestra memoria, cada una de todas. Nadie escapa de su propio juicio.
También creo que la edad afecta en el tipo de tentación que experimentamos. En la juventud la tentación está normalmente relacionada con el riesgo, la curiosidad o la búsqueda de aceptación. En la etapa adulta es más sobre la ambición, reconocimiento y miedo a perder lo antes conseguido. Si cambian los escenarios, cambian los intereses. Cada fase exige un control distinto, pero la experiencia sirve para poder resistirla mejor.
Resistir una tentación no nos convierte automáticamente en mejores personas, pero fortalece la voluntad. Cada "no" refuerza nuestros valores personales. Pero, al menos en mi opinión, a veces es necesario equivocarnos y caer en ella, para así poder aprender de nuestros errores o poder evitar que otro caiga en la misma. A lo mejor no tenemos que buscar evitarla por completo, sino que podríamos intentar comprender por qué deseamos lo que deseamos, porque en esas decisiones construimos la persona que elegimos ser.
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