Reseña
A la hora de valorar un servicio, para mí pesa más la responsabilidad moral de decir la verdad para que las cosas mejoren. Es verdad que todos tenemos derecho a tener un mal día y eso explica que alguien esté más seco, pero jamás lo justifica. Todos tenemos nuestros problemas y no por eso vamos pagándolo con los demás; lo lógico es tratar a la gente como te gustaría que te trataran a ti.
Eso sí, hay que saber distinguir el nivel del mal trato. Si alguien está un poco más borde de lo normal, puedo pasarlo por alto porque entiendo que somos personas y todos hemos actuado así en algún momento de nuestras vidas inconscientemente. Pero si hay una falta de respeto mayor, ahí sí que pongo la reseña. No es lo mismo un despiste por cansancio que una mala educación directa.
Yo creo que si mi queja es por algo puntual, no debería costarle el puesto a nadie. Pero si todos los clientes somos honestos y coincidimos en que esa persona trata mal a la gente, lo más justo es que la despidan. No se trata de ser mala persona, sino de ser realistas: si no sabes respetar a los demás y el mal trato es una costumbre, lo justo es dejar el sitio a alguien que sí valore la atención al público. Al final, la sinceridad es la única forma de que el sistema funcione para todos.
Además, creo que dar una buena nota cuando no se debe es un error, porque al final engañamos a la empresa y a los demás usuarios que vendrán después. Ser empático no significa tener que aceptar que nos hablen mal o nos ignoren. Si la gente se esfuerza en su día a día profesionalmente, lo lógico es esperar ese mismo respeto de vuelta. Al final, no podemos normalizar que la mala educación forme parte del trabajo de cara al público solo por miedo a las consecuencias. Se trata de buscar un equilibrio donde se entienda el error, pero no se premie la falta de ganas continua. Ser honestos es la mejor forma de que cada uno esté en el lugar donde realmente encaja y de que el respeto mutuo sea la base de cualquier servicio.
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