Dieta o pastilla
Si me viera en esta situación, con el médico diciéndome que tengo que perder peso por salud, se me pasaría de todo por la cabeza. Al principio, siendo sincera, elegiría la pastilla sin dudarlo. ¿Por qué? Pues por la velocidad y porque me permitiría seguir comiendo lo que me gusta sin sufrir. Lo que más me importaría en ese momento es que quiero vivir, no quiero que me pase nada malo y quiero disfrutar de la vida al máximo, así que el camino rápido parece el más lógico.
Sin embargo, reflexionándolo con calma, creo que acabaría cambiando de opinión. La pastilla al final es algo que te tomas, pero no sabes realmente cómo te va a afectar a la salud por dentro o qué efectos secundarios puede tener a la larga. Además, si me la tomo y bajo de peso rápidamente, en realidad no estoy aprendiendo nada. En el momento en que deje la pastilla, volvería a estar como antes porque no habré cambiado mis hábitos ni mi forma de comer.
Si optara por la dieta y el ejercicio, no lo vería como un castigo por lo que he hecho hasta ahora, sino como una inversión para el futuro. Prefiero tardar más pero saber que lo que estoy haciendo es real y que me va a servir para siempre. Si me preguntan por redes, lo diría con toda la honestidad del mundo: que me ha costado decidirme, que me daba miedo el aviso del médico, pero que prefiero crear hábitos de verdad que depender de algo externo que no sé cómo me va a sentar. Al final, se trata de estar sana de verdad, no solo de parecerlo.
A fin de cuentas, prefiero saber que lo que he conseguido es por mí misma y no por un producto. Me da mucha más tranquilidad saber que tengo el control de mi salud sin depender de una pastilla que hoy está ahí y mañana no.
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