El final de una etapa:
En unos días estaré saliendo por la misma puerta por la que entré hace 6 años, siendo aún un niño y sin saber lo que me depararía en este instituto. En este colegio he vivido miles de experiencias, buenas y malas, pero, sean como sean, son experiencias que te marcan por dentro, y más en una edad como esta.
En un par de semanas esta etapa llegará a su final, saldré de este colegio, de esta ciudad, de mi casa... será casi como volver a nacer. Aunque no es lo mismo, porque tengo recuerdos, anécdotas y experiencias anteriores que me hacen quien soy.
Tengo unas ganas increíbles de empezar una nueva etapa, pero a la vez me da miedo que todo suceda tan rápido. Pestañeas y ¡pam!, ya has hecho bachiller, pero sí es verdad que, echando la vista hacia atrás, me llevo: ese grupo de amigos... esos chistes internos sin sentido... ese pimiento... esos aprendizajes que espero que en algún momento (Sintaxis) me sirvan de algo...
Sí es verdad que no todo es un camino de rosas y, si tuviera que borrar algo de esta etapa, sería el agobio preexamen que eleva el cortisol por las nubes y te hace pasar un mal rato para nada. No trae nada bueno, pero es algo que cuesta muchísimo controlar.
En conclusión, esta etapa ha sido muy bonita y me ha marcado un antes y un después como persona. En unos meses empiezo una nueva vida, pero no olvido la otra que tengo aquí. Como decía Broski: «Lo que hace valiosa a la vida es que se acaba».
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