Escritor
Ante esta cuestión, yo, sin duda ninguna, elegiría la vida porque prefiero el dolor convertido en arte a la mediocridad. Una infancia plácida te deja sin nada que contar que sea realmente relevante. Si todo te ha ido bien, tus historias no tienen peso, son solo palabras vacías de alguien que ha vivido en una burbuja. El trauma, en cambio, te obliga a entender el mundo de una forma que la gente feliz ni siquiera imagina. Te da una perspectiva cruda y real sobre la traición, el miedo y la pérdida.
Un gran escritor necesita haber pasado por algo malo de verdad. Sin esos hechos traumáticos en la adolescencia, el arte se vuelve un simple ejercicio de estilo, algo decorativo, lo cual tampoco es algo negativo, simplemente no es trascendental. Cuando has sufrido, no escribes por entretenimiento, sino por una necesidad vital de dar sentido a lo que te ha pasado. Eso es lo que separa a un autor del montón de uno que realmente impacta. La comodidad te vuelve blando y hace que tu visión de la condición humana sea limitada y superficial.
En definitiva, no me importa tener una vida difícil si eso me da la capacidad de crear algo potente. Prefiero cargar con mis traumas y usarlos como material de trabajo antes que ser un creador mediocre que solo sabe hablar de cosas banales. Al final, el que ha tenido una vida fácil no tiene nada que decir que le interese a alguien que busca la verdad en música, libros, arte, etcétera. Y todo esto lo digo porque yo, como amante de la música, aprecio muchísimo más a artistas que verdaderamente tienen algo que decir.
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