Fama va felicidad
Creo que escogería la segunda opción: tener una infancia tranquila y una vida más estable, aunque eso significara no convertirme en una gran creadora. A menudo se dice que los traumas o el sufrimiento pueden alimentar la creatividad y dar profundidad a las obras de una persona. Seguro que hay artistas que han hecho obras impresionantes a partir de momentos difíciles. Pero aun así, no creo que valga la pena buscar el dolor para crear.
Para mí, una infancia feliz y una vida en la que me sienta querida y en paz son mucho más importantes que la idea de ser una genia creativa. Además, la creatividad también puede nacer de otras cosas: de la curiosidad, de observar el mundo, de experiencias bonitas o incluso de la calma. No todo lo valioso tiene que surgir del sufrimiento.
Y ser una “creadora normal” no significa que lo que haga no tenga sentido. Muchas veces, cosas sencillas hechas con tranquilidad y sinceridad también pueden llegar a los demás. A veces nos obsesionamos con ser extraordinarias, cuando en realidad lo importante es vivir bien y hacer lo que tiene significado para nosotras.
Por eso, si tuviera que elegir, preferiría una vida más serena. Puede que no sea la creadora más brillante, pero sí alguien que ha crecido en paz y ha disfrutado de su vida. Y eso, para mí, tiene muchísimo valor.
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