Fama vs felicidad
Desde que era pequeño siempre he querido dedicarme al arte, ya sea escribiendo o componiendo. Es mi gran pasión y mi sueño siempre ha sido destacar y que mis obras lleguen a la gente. Pero ahora me plantean una elección bastante dura: pasar por traumas y tener una vida atormentada para llegar a ser un genio reconocido, o tener una vida tranquila, con una infancia feliz, pero asumiendo que siempre seré un creador mediocre.
Aunque me dé rabia renunciar a mi sueño de ser un grande, lo tengo muy claro: me quedo con la vida feliz. A veces la sociedad tiene muy idealizado el mito del "artista torturado" porque queda muy bien en las películas o en las biografías de los famosos. Pero en la vida real, arrastrar traumas desde la infancia es una mochila demasiado pesada. El sufrimiento de verdad no tiene nada de romántico, y sinceramente, creo que ningún premio o éxito mundial vale más que tener paz mental y poder dormir tranquilo por las noches.
Prefiero mil veces recordar una niñez bonita, en la que me sentí seguro y querido, antes que tener que rebuscar en mi propio dolor o en mis desgracias para encontrar inspiración. Además, creo que la palabra "mediocre" suena peor de lo que es. Que mi arte no vaya a pasar a la historia no significa que tenga que dejar de hacerlo. Puedo seguir escribiendo mis historias o tocando mis canciones para mí, para mi familia o para quien quiera escuchar, simplemente porque me divierte y me hace sentir bien, sin presiones.
Al final, no quiero vivir amargado solo por la obsesión de ser el mejor. El arte tiene que ser algo que sume a tu vida, no tu única vía de escape porque tu realidad es un infierno. Así que sí, renuncio a ser un genio. Prefiero ser una persona feliz y estable que hace obras del montón, antes que vivir roto por dentro solo para que los demás aplaudan una obra maestra.
Comentarios
Publicar un comentario