fin de etapa
Echando la vista atrás, a pocos días de que termine el curso y nuestra etapa en el colegio, siento que ha sido un viaje lleno de contrastes.
Con qué me quedo es, sobre todo, con las personas y los momentos compartidos. Me llevo las risas en los recreos, las tardes de trabajo en grupo hasta altas horas, las conversaciones absurdas que terminaban en carcajadas y las caras de alivio cuando conseguíamos aprobar algo que parecía imposible. Me quedo con los profesores que realmente se implicaron, con las amistades que se fortalecieron y con esa sensación de crecer poco a poco, tanto en lo académico como en lo personal. También guardo con cariño las pequeñas victorias: superar un examen difícil, mejorar en algo que se me daba mal o sentir que, a pesar de todo, íbamos avanzando.
Qué borraría sin duda son los momentos de ansiedad y presión. Eliminaría las noches de insomnio antes de los exámenes, las comparaciones injustas con los demás y alguna discusión tonta que nos enfadó más de lo necesario. También borraría esa sensación de agotamiento acumulado que, en algunos periodos, hizo que el día a día resultara tan pesado.
De todo este curso saco varias conclusiones importantes. He aprendido que el tiempo pasa mucho más rápido de lo que imaginamos y que hay que valorar más los momentos. Entiendo ahora que las notas son importantes, pero no definen quiénes somos; lo que realmente cuenta es el esfuerzo, la capacidad de levantarse tras un fracaso y el saber pedir ayuda cuando hace falta. Sobre todo, he comprendido que las relaciones humanas son lo más valioso del colegio: los compañeros y profesores terminan siendo parte fundamental de esta etapa.
En definitiva, me llevo más de lo que dejo. Aunque haya habido días complicados, este curso me ha hecho más fuerte, más maduro y más consciente de mis capacidades. Y estoy seguro de que, con el tiempo, recordaremos esta etapa con mucho cariño.
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