Final
Si echo la vista atrás, me doy cuenta de que mi paso por Escolapios ha sido un visto y no visto, un "sprint" de solo dos cursos en un cole donde la mayoría se conoce desde los tres años. Lo que más valoro, y con lo que me quedo de verdad, es la acogida del grupo. Entrar nuevo en 1º de Bachillerato podía parecer algo complicado, pero me quedo con la sorpresa de haber encajado en un grupo que ya estaba formado. Me quedo con esas risas en clase antes de un examen difícil, las bromas internas que surgieron (como lo del pimiento) y el sentir que, aunque habré entrado tarde, este también puede ser mi cole.
Si tuviera que borrar algo, sinceramente, elegiría esas malas sensaciones de las semanas de exámenes. Borraría la sensación de que el mundo se acababa si un examen no salía bien y el agotamiento de esas tardes encerrado viendo cómo pasaba el tiempo frente a los apuntes. Me gustaría eliminar los nervios constantes de la selectividad que a veces no nos ha dejado disfrutar de que estábamos juntos por última vez. También borraría esos días en los que el cansancio de 2º de Bachillerato se hacía cuesta arriba y parecía que el final de curso no iba a llegar nunca.
La conclusión que saco de este tiempo es que no hacen falta diez años para sentirse de un sitio. Estos dos cursos en el colegio han sido los más intensos de mi vida y me han enseñado que soy mucho más capaz de adaptarme de lo que pensaba. Me voy del cole habiendo aprendido cosas nuevas, pero sobre todo con la tranquilidad de haber aprovechado este tramo final con gente que vale la pena. Aunque mi tiempo en Escolapios haya sido corto, los recuerdos con los que me voy son genuinos y me siento listo para selectividad, sabiendo que este esfuerzo ha tenido sentido.
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