Final

 Estamos a nada de cerrar esta puerta para siempre, ¿verdad? Es una sensación extraña. Echando la vista atrás, es inevitable que el corazón se me acelere un poco.

Si me preguntan con qué me quedo, lo tengo claro. Me quedo con esos ratos de vida pura: las pachangas en el patio que nos salvaban el día y esas risas constantes en tercero de la ESO, que probablemente fueron lo mejor de todo. Me llevo los torneos de Calasanz, todas esas anécdotas que contamos mil veces, el caos creativo de los proyectos de cartulinas y hasta las exposiciones que, aunque al principio daban nervios, terminaron siendo una comedia total.

Pero, siendo realistas, no todo fue color de rosa. Si pudiera borrar algo de esta trayectoria, sería esa presión asfixiante antes de cada examen. Ese agobio que se te clavaba en el pecho al ver una mala nota es algo que ojalá no hubiéramos pasado tanto. También borraría el peso de este último curso y esas clases que se hacían eternas, mirando el reloj sin parar.

¿Qué saco de todo esto? Que, aunque hubo momentos de mucho estrés, cada segundo nos ha moldeado. Nos vamos habiendo aprendido a superar los baches y a valorar mucho más los buenos ratos


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