Final

Entré al colegio en primero de bachiller sin ser del todo consciente de lo importante que acabarían siendo estos dos años. Al principio todo parecía nuevo: compañeros, profesores, rutinas… incluso una cierta sensación de empezar de cero. Poco a poco, sin darme cuenta, ese lugar se fue convirtiendo en algo familiar, en un espacio donde no solo venía a estudiar, sino a vivir experiencias que hoy forman parte de mí.

Ahora, en segundo, cuando echo la vista atrás, me doy cuenta de que me quedo con mucho más que apuntes y exámenes. Me quedo con las risas en clase cuando nadie podía parar de reír, como cuando Vila tiro un cacho del techo, con esas conversaciones en los cambios de hora o en el recreo que parecían simples, pero que hoy tienen un valor especial. Me quedo también con los profesores que han sabido motivarnos, exigirnos y acompañarnos en este camino, como por Marcos Basterretxea o Aitor Larrea, y con los compañeros que han hecho que cada día fuese diferente.

Si tuviera que borrar algo, sinceramente no borraría nada. Ni siquiera los momentos de agobio, de dudas o de cansancio. Todo eso también ha sido necesario. De los errores no se aprende una mierda, mas se puede cambiar, de las dificultades he sacado fuerza, y de los días más complicados he entendido mejor lo que soy capaz de hacer. Al final, cada experiencia, buena o mala, me ha ayudado a crecer.

La principal conclusión que saco es que el tiempo pasa mucho más rápido de lo que parece. Cuando estás dentro, los días pueden parecer largos, pero de repente miras atrás y todo ha pasado en un instante. También he aprendido que no todo se reduce a las notas. Claro que son importantes, pero no lo son todo. Lo realmente valioso son las convivencias, las personas con las que compartes el camino y todo lo que te llevas a nivel personal, como las veces en Plentzia o las excursiones inexistentes en el barco de Unai.

Me voy de esta etapa con la sensación de haber cambiado, de no ser la misma persona que entró en primero. Más maduro, con más claridad sobre lo que quiero y, sobre todo, con recuerdos que sé que me acompañarán siempre. Porque al final, lo que queda no es solo lo que hemos estudiado, sino todo lo que hemos vivido juntos.

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