Futbol en política

 Si tuviera que elegir entre mojarme o quedarme bajo el paraguas, tengo claro que prefiero el riesgo de Mbappé que la prudencia de Unai Simón. Qué quieres que te diga, me cuesta digerir esa idea de que por ser un "profesional del balón" uno deba silenciar su conciencia. El silencio, en momentos clave, suele ser el mejor aliado de lo que nos termina haciendo daño.


Mbappé entiende que su voz no es solo suya, sino un altavoz para quienes no tienen micrófono. Unai Simón, en cambio, prefiere la seguridad del área pequeña, argumentando que no somos expertos en cohetes ni en política. Pero es que la política no es ingeniería aeroespacial; es el aire que respiramos todos. Una postura tibia te mantiene a salvo de las críticas, pero te deja un poco vacío. Te convierte en una figura impecable en lo deportivo, pero muda en lo humano.


Al final, quien solo sabe de fútbol, ni de fútbol sabe. Prefiero al que se atreve a usar su luz para iluminar lo que pasa fuera del campo, aunque se queme un poco en el intento, antes que al que se limita a mirar el césped mientras el mundo ruge fuera. ¿De qué sirve tener tanta repercusión si, a la hora de la verdad, decides que tu opinión no vale más que la de un espectador silencioso?

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