Influencia

La respuesta de Unai Simón a las palabras de Mbappé sobre la situación en Francia deja claro que hay dos formas de ver el papel de un futbolista. Mientras el portero español prefiere que se hable solo de deporte, yo creo que ante un mundo que está mal hay que actuar y no quedarse de brazos cruzados. Los futbolistas no viven en una burbuja; son personas con una repercusión social enorme y tienen a muchísima gente detrás escuchando lo que dicen, por lo que su voz puede marcar una diferencia real en temas que van mucho más allá del campo de juego.

Es evidente que, al tener tanta influencia, deben cuidar mucho sus palabras y ser responsables con los mensajes que lanzan. No se trata de hablar por hablar, sino de ser conscientes del altavoz que manejan. Sin embargo, eso no es excusa para el silencio. Cuando ocurren injusticias importantes en el mundo, los personajes con este nivel de visibilidad tienen que dar un paso al frente. No pueden ignorar los problemas de la sociedad como si no les afectaran, porque al final todos formamos parte de lo mismo.


Defender los derechos de los seres humanos es algo básico y esencial que debe estar por encima de cualquier profesión. Si alguien tiene la capacidad de llegar a millones de jóvenes y puede ayudar a frenar algo que está mal, tiene el deber de hacerlo. Quedarse callado cuando las cosas se ponen difíciles es una forma de permitir que las injusticias sigan ocurriendo. Por eso, aunque deben medir bien su discurso para no meter la pata, es fundamental que den voz a los valores que nos protegen a todos. En resumen, si tienes el poder de influir para bien y ayudar a que el mundo no empeore, lo más honesto es actuar y defender lo que es justo para las personas.

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