influencia
Estás constantemente sondeando al público sobre si los futbolistas y otras figuras públicas deberían opinar de política o asuntos sociales. Por un lado, casos como el de Mbappé ilustran cómo un deportista puede servir para que su público más joven, y la ciudadanía en general, se anime a implicarse. Al fin de cuentas, los futbolistas son ciudadanos que tienen derecho a opinar y la visibilidad les puede ayudar a dar relevancia a temas importantes de la sociedad.
Pero además, Unai Simón representa una preocupación real. Los atletas tienen millones de seguidores, y muchos son jóvenes, que pueden ser influenciados a no preguntarse lo que están escuchando. También puede haber problemas en que sus carreras o experiencias quizá no se crucen con la Política como tal, y eso puede llevarlos a simplificar discusiones complejas o a difundir mensajes que no tienen demasiado sustento. Y está el peligro de que el deporte, siempre concebido como instrumento para la aglutinación social, se convierta en un terreno para la división.
Porque, en realidad, el problema no es tanto que opinen, sino cómo lo hacen. Ya es hora de que digan la suya, pero con responsabilidad y sin tratar de 'contagiar' posturas o formas de pensar. No deben decirle a la gente qué pensar sino hacerle pensar.
Resumiendo, los futbolistas pueden participar del debate público pero con la suficiente conciencia para saber el impacto de sus palabras y lo que significan para sus seguidores.
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