pastilla
Mis fotos no llevan filtros, mis arrugas están ahí y mi talla 44 también. Siempre he convivido con este peso, me veo estupenda en el espejo y mi discurso siempre ha sido claro: nuestro valor no se mide en centímetros de cintura ni en likes.
Pero el otro día me senté frente a mi médico y las analíticas no entendían de body positive. El colesterol, la tensión y el azúcar me dieron un toque de atención. Ya no era una cuestión de encajar en unos vaqueros o de agradar a la mirada ajena; era una cuestión de que mi corazón y mis rodillas me estaban pidiendo un respiro para poder seguir subiendo a los andamios a los 60 años.
Ante la encrucijada de la pastilla mágica o el camino largo, te lo digo con la misma franqueza con la que enseño mi celulitis en la playa: Me tomo la pastilla. Sin dudarlo.
Y te explico por qué no hay ninguna contradicción en esto:
Lo que yo critico ferozmente en redes sociales es la cultura de la falsedad: los cuerpos retocados con Photoshop, las cirugías que se venden como "fruto de beber mucha agua" y los filtros que nos borran hasta los poros. Mi lucha es por la transparencia. Si la ciencia médica me ofrece una herramienta segura y eficaz para solucionar un problema de salud orgánico (no estético), rechazarla por orgullo sería absurdo.
A menudo, la sociedad castiga el sobrepeso exigiendo que la pérdida de kilos sea un "vía crucis" de sudor, lágrimas y lechuga para que sea "válida". Parece que si no sufres, no te mereces estar sano. Yo no tengo que purgar ningún pecado porque no he cometido ninguno por tener sobrepeso. Si hay una vía médicamente segura y rápida para recuperar mi salud, la tomo. Mi cuerpo es mi templo, no un campo de castigo.
¿Que si me da miedo que me pregunten y tener que admitirlo? ¡Al contrario! Lo pondría hasta en las Stories destacadas.
Si alguien me dice: "¡Uy, qué delgada estás! ¿Qué has hecho?", mi respuesta sería cristalina:
"Fui al médico, tenía el colesterol por las nubes y me recetó una medicación. He bajado de peso por salud, gracias a una pastilla. Ni tés detox, ni batidos mágicos, ni fuerza de voluntad sobrehumana. Medicina."
Hacer esto es, de hecho, el acto más revolucionario y coherente con mi discurso. Al admitir que uso una pastilla, estoy destruyendo el mito del esfuerzo irreal y desarmando a la industria de las dietas milagro. Sigo siendo la misma mujer que no se retoca las fotos, solo que ahora soy una mujer que habla abiertamente de sus tratamientos médicos sin vergüenza. El peso bajará, pero mi honestidad seguirá intacta.
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